Las organizaciones del cambio cultural

Las organizaciones del cambio cultural

Gentileza de Prensa con Opinión.

Los debates previos al Foro Mundial de Economías Transformadoras a realizarse en el próximo año 2020, provocaron profundización y replanteos en muchos casos, acerca de la misión de las organizaciones de la Economía Solidaria. En el contexto global, es inevitable contraponer el deshumanizado sistema de concentración de riquezas, que derrama exclusión, marginalidad y aislamiento. Es el individualismo la primera y gran batalla ganada por el neoliberalismo. A eso, sólo se opone la solidaridad, y ésta, de manera organizada. Por eso la existencia de las organizaciones basadas en la unión de personas, para encontrar la forma de cubrir sus necesidades y decidir de qué manera alcanzar esos objetivos. Si mutuales y cooperativas son la figura acordada para reunir a las mujeres y a los hombres de una comunidad, será necesario tomar conciencia de que son también una molestia y una barrera para el sistema financiero mercantilizado.

Para hablar de educación y cultura del asociativismo, de la expansión social y roles de las organizaciones, Prensa Con Opinión mantuvo una entrevista con el dirigente  latinoamericano Rogerio Dalló, quien, tratando de explicar los contenidos del Foro Mundial, apunta más a la vivencia transformadora de las entidades, que a sus resultados cuantitativos.

-La Economía Solidaria, ¿es un modelo que debe emerger como alternativa o debe cumplir su misión acompañando los procesos políticos?

Este es un error histórico de buena parte del movimiento del asociativismo; es no tener clara la visión geopolítica de por qué estamos haciendo las cosas y la metodología con que las hacemos. Muchas de nuestras organizaciones hacen buenas cosas, benéficas a sus asociados, son importantes para las comunidades donde están ubicadas, generan economía. Pero al fin y al cabo, ¿cuál es la transformación real que se hace sobre el sistema económico y el modo como las personas gestionan sus economías, su entorno social? En ese sentido, la convocatoria que nos estamos haciendo para el Foro Mundial de Economías Transformadoras de 2020, es exactamente eso: ¿cuánto de transformación real hacemos con lo que hacemos? Porque si no, disfrazados de la figura jurídica del cooperativismo o el mutualismo, podemos hacer muchas cosas que, al fin y al cabo, son un reforzamiento del sistema neoliberal, con consumo capitalista que genera una brutal concentración del ingreso y exclusión social de gran pare de nuestras poblaciones.

En ese sentido, que el cooperativismo y el mutualismo hagan buenos negocios no es un indicador suficiente para decir que somos transformadores. Por lo tanto hay dos ideas: primero, que el asociativismo no debe tener una menor importancia en la estrategia. Todo lo que sea fuerza asociativa de autogestión es casi revolucionaria por sí misma; pero sin la dimensión política estratégica necesaria  -y en eso hemos pecado muchos en el mutualismo y en el cooperativismo-, hemos sido negocios capitalistas disfrazados muchas veces. El llamado es para esa reflexión. Por supuesto que debemos hacer cada vez más, pero el crecimiento en términos numéricos, en términos de participación en la economía, debe ser acompañado en calidad. Por eso es importante llevar estos dos carriles: el organizacional y el transformador. A veces nos olvidamos que el cooperativismo y el mutualismo son una cultura distinta de hacer economía; una economía bajo otros criterios, por eso es que la autogestión es revolucionaria. Por eso el motivo del Foro Internacional, para reflexionar sobre cuánto estamos haciendo de transformación real sobre la realidad.

-¿Cómo se provoca ese cambio cultural?

Hay que hacer un proceso educativo. La educación asociativista también la hacemos a través de diplomaturas, de cursos, pero poco de la vivencia que muestre lo que realmente se está haciendo en el sector, y eso es parte del proceso educativo. La educación también debe ser transformadora, porque que es uno de los principios del cooperativismo.

Por otro lado, yo creo que cuando se ejercita el proceso de autogestión, esa gestión en forma autónoma, debe hacerse en el marco de un encuentro creativo, con métodos que impulsen la toma de decisiones. Hay muchas y muy buenas experiencias en  eso. No es por nada que el sector financiero mundial, que son verdaderas rapiñas que roban a la riqueza de nuestra gente, ataca frontalmente todo lo que es iniciativa de autogestión. Por ejemplo, al ver el manejo de ahorros y préstamos autogestionados, el sector de la Economía Solidaria cuestiona de fondo el sistema financiero. El neoliberalismo lo identifica de inmediato como amenaza y lo combate.

Por ejemplo, en Argentina, cuando las mutuales deciden entrar a servicios financieros, le viene por encima una campaña de cierre de cuentas, de búsqueda de datos, estándares de gestión, que aunque tenga toda la buena voluntad desde el INAES, en el trasfondo está la persecución, porque el mercado ve que es una amenaza.                

-Mucho se habla de que el asociativismo ocupa lugares que el Estado deja vacío

Eso hay que tratar de dejarlo en claro. El papel del sector no es hacer lo que el Estado debería hacer y no hace. El Estado tiene su rol y es importante que lo tenga. Ahora, por otro lado están los servicios públicos que las comunidades bien podrían brindar en forma autogestionada. Acá tenemos un problema: las legislaciones en nuestros países ponen al asociativismo como servicio privado, por lo tanto empiezan a tributar sobre algunos servicios como sucedió en Argentina. Pero el asunto es que son servicios públicos gestionados por mutuales; lo que hacen las entidades es un servicio público, no economía privada de lucro. Quiero poner un ejemplo sucedido en el nordeste brasileño: hay un proceso colectivo por el cual la gente se junta en determinado día para hacer una tarea conjunta, en este caso para limpiar y mejorar la avenida principal de la población y el entorno de la misma. Es en un trabajo de dos o tres días, como servicio público donde participan todos. A la semana siguiente la alcaldía entró con tractores contratados previamente y rompieron toda la avenida, colocan tuberías y renuevan espacios verdes que ya había hecho la comunidad organizada. Inmediatamente la gente ejerció la protesta y dijo ¡aquí no!, nosotros la arreglamos. Pero el Estado aduce que le paga a una empresa para que lo haga; y la gente respondió: pues entonces págele a la comunidad para que lo haga, que somos quienes vivimos aquí, que usamos estos espacios cotidianamente. El alcalde explicó que ya el proceso estaba hecho. Entonces la comunidad dijo, bueno, pero esta empresa ¿qué mano de obra va a utilizar?, utilice la mano de obra de nuestra comunidad que ya demasiado problema de desempleo tiene.

Estos son pequeños ejemplos de autogestión, que si nosotros tenemos abierta la visión política, veremos cuán revolucionario es lo que hacemos. El Estado está transformando en negocio lo que sería servicio público. Las comunidades deberían decir no, esto no debe ser negocio, esto es servicio. Y si el estado no tiene estructura, ¿por qué no hacer contratos con la misma comunidad? ¿Por qué contratar a una empresa que ni se sabe quién es el dueño, si la plusvalía queda en manos de esa empresa? Esto se puede hacer con arreglos de plazas, de calles, de servicios, de salud, de educación, incluso de seguridad; una policía comunitaria es mucho más eficiente que la truculenta fuerza que no respeta a las comunidades.

Entonces digo, que en nuestro proceso organizativo, las organizaciones son importantes, pero deben entender la visión política con el desarrollo local. Esto implica una autocrítica a nuestros funcionamientos.

-¿Cómo se hace con una sociedad con alta dosis de individualismo?     

Lo más importante del neoliberalismo, no es tanto su proceso de empresa. El tema de fondo del neoliberalismo que nos ganó la batalla fue precisamente eso, el atomicismo social, que es una de sus bases. El Estado mismo mira a las personas como átomos, no como comunidad. Tanto que nosotros mismos repetimos la palabra ciudadano, pero no hablamos de la comunidad, del barrio. El individualismo fue llevado al extremo y nos ha dominado como sociedad. Incluso se trabajó mucho en los derechos individuales, que fue muy importante para recuperar la dignidad del individuo como persona. Pero al hacer eso, no nos dimos cuenta que estábamos construyendo una mentalidad individualista. Es un problema a escala mundial. Fue el gran logro del capitalismo neoliberal. El nosotros no existe sin el yo; por eso la organización es mucho más que las personas. La mutual o la cooperativa es más que los miles de socios que pueda tener; porque la organización tiene historia, tiene gente que dio hasta la vida por esto. Es importante darnos cuenta de que hay que crear una cultura asociativa.

– Entonces, las organizaciones ¿deben extenderse más allá de su propia masa de asociados?

Eso no sólo es correcto sino necesario. Además es un principio del mismo cooperativismo, el compromiso con la comunidad. No es darle limosna a la comunidad, es estar dentro de ella. Tenemos que ir a un proceso de incorporación. Una callecita de Buenos Aires con cien personas puede ser tan transformadora o más que una organización con 50 mil socios. Hay que meterle una cuña a esta sociedad individualista, competitiva y excluyente. Estamos necesitando avanzar más en la intersectorialidad y la complementariedad. Otro ejemplo: aquí estamos tratando de que las organizaciones de ahorro y crédito que tienen sus recursos avancen como cooperativas de producción. Para eso tiene que salir del esquema bancario: ahorro-préstamo-interés. Tenemos que extender todos los brazos para ser real alternativa al sistema de acumulación. Debemos, es necesario estar cada vez más implicados con las comunidades. 

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