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Pabellones tomados, huelga de hambre generalizada. Gritos, golpes, riñas internas. Mujeres desmayadas, insultos a toda hora del día. Traslados, tensión, y ese espantoso clima que a veces se apodera de las cárceles y que hace pensar que el temido infierno está a punto de llevarse todo.

Así fue la última semana en el Correccional de Mujeres de Bouwer, una cárcel que por lo general no suele traer noticias alarmantes. Pero esta vez estuvo muy cerca del abismo. Y todo fue por la muerte de una interna y la acusación inmediata de que obedeció a la mala atención del servicio de salud y por las condiciones insalubres en las que se encuentra todo el complejo carcelario.

Todo comenzó a desatarse en la mañana del sábado 2 de febrero, cuando la vida de Elsa Medina terminó de escabullirse. Un paro cardiorrespiratorio fue el epílogo de un severo deterioro que había tenido esta interna de 62 años, que se hallaba presa en el Módulo D1 del Correccional de Mujeres, en Bouwer.

La tarde anterior había sido llevada al Hospital Misericordia, consecuencia de un severo dolor en el abdomen. A las 2,35 del sábado le habían dado el alta en el hospital, y reingresó a la cárcel a las 3,20.

En el nosocomio le habían administrado un inyectable de morfina y ranitidina para que se calmara, además del simple deseo de que el malestar no haya sido nada, y la recomendación de que se le administrara una “dieta gastroprotectora”.

Pero la mujer no estaba estabilizada. Pocos minutos después de las 5 de la mañana, Elsa Medina sentía que su cuerpo no daba más, y es por eso que sus compañeras de pabellón y el personal de seguridad pidieron asistencia. Cuando recibió la atención del médico de guardia, la decisión fue volver a trasladarla al hospital. Pero mientras la estaban preparando para una nueva comisión, la interna se desvaneció y ya no volvería a recuperar la conciencia.

La noticia de la muerte de esta mujer, que no estaba condenada sino con prisión preventiva por una causa por tenencia y tráfico de estupefacientes bajo tutela del Tribunal Oral Federal N° 2, cayó como una bomba en los corredores.

Cerca de las 10 de la mañana, el Pabellón D1, que es donde se alojaba Elsa y también su hija Aldana Guerra, se declaró en huelga de hambre. Pronto comenzaron a sumarse otros pabellones a la misma medida, mientras un grupo de internas comenzaron a golpear rejas y puertas, exigiendo la presencia de autoridades penitenciarias.

La apremiante situación obligó a que se hicieran presentes en Bouwer altas autoridades del Servicio Penitenciario, encabezadas por el prefecto Héctor Acosta, director general de Seguridad, junto a Hugo Pereyra y el doctor Cabrera. “Entraron a todos los núcleos para hablar con las internas y escuchar su reclamo. Era la única forma de calmar un poco la bronca que había”, cronicó una de las voces.

El malestar se extendió durante todo el sábado y el domingo, y comenzó a proyectarse también hacia la semana. En lo hechos no fue hasta el jueves que la cárcel comenzó a recuperar parte de su normalidad, pese a lo cual durante toda la semana “el clima ha estado muy enrarecido y con mucha tensión”, de uno y otro lado de las rejas.

En el marco de una situación de tensión que no terminaba de mermar, el día miércoles se realizó una fuerte requisa en varios pabellones, ingresando con escudos, cascos y palos. “Se puso jodido porque entraron a lo bestia a los pabellones y entraron a sacar presas, a ‘capearlas’ (llevarlas encapuchadas), a requisar todo” -contó una de las fuentes-. Ahí fue cuando se lograron secuestrar elementos punzantes y barras de metal, todo en el pabellón E2 y con responsables identificadas.

El dato del horario de la muerte no parece menor, más aun teniendo en cuenta que oficialmente el Servicio Penitenciario informó que llegó con vida al Hospital Misericordia.

El escueto parte del SPC afirma que la mujer de 62 años “sufrió un cuadro de descompensación hemodinámica, ante lo cual los médicos decidieron su traslado en un móvil ambulancia de alta complejidad al hospital, a donde ingresó a las 8 de la mañana. En el lugar, los profesionales realizaron diversas maniobras de reanimación cardiopulmonar, pero 45 minutos después de su arribo, la mujer dejó de existir”.

Sin embargo, la versión deslizada tanto por las internas como por empleadas del Establecimiento Penitenciario Nº3 sostienen que la muerte ya se había consumado antes de que fuera retirada del pabellón. “Se han cometido errores, y errores muy graves”, deslizó la oficial consultada para esta nota. “Hay constancias en los libros que no se han puesto, y también hay cuidados que no se tuvieron con esta persona, que estaba delicada”, aseguró.

La verdad de lo sucedido se podrá determinar recién cuando se lleve a cabo la autopsia, para fijar con precisión el horario real del fallecimiento. “De ser verdad que murió en la cárcel, la autopsia debe determinar la hora y ahí si habría un gran problema”, le explicó esa misma oficial a este medio.

Al día de hoy, la situación parece calmada entre las casi 350 internas que habitan los pabellones del complejo. Desde la superioridad del SPC y del Ministerio de Justicia intentaron llevar soluciones y también algunas concesiones ante las demandas de las internas. Lamentablemente, el precio pagado fue una semana de altísima tensión, y -claro está- la vida de una interna.

FUENTE: Enredacción.com