Máster Gratuito en Marketing Digital

Los testimonios de las chicas y mujeres son desgarradores, y no es ficción, es la realidad misma.

“Me quiso ahorcar tres veces. Una me defendió mi hija, y otra vez me agarró en la cama y mi yerno rompió la puerta para entrar y sacarme”, cuenta María sobre su marido, con el que estuvo en pareja 27 años. Un día la amenazó con un cuchillo, se lo pegó al cuello. Fue el punto de quiebre. Pero su marido, además de amenazarla, la encerró en la casa y recién el lunes cuando él se fue a trabajar, se pudo escapar con su hija de 11 años. Así llegó a un refugio. Con lo que pudo sacar en el momento.

Ir a un refugio para mujeres víctimas de violencia de género es una decisión desesperada, que cuesta tomar. Además de romper una relación, implica salir de la casa en el momento que puedan hacerlo, en muchos casos con hijos pequeños y poco tiempo para llevarse sus cosas. En el caso de estas mujeres, el refugio es una posibilidad para salir de una relación violenta y dañina, del peligro inminente en el que están y, en el mejor de los casos, el comienzo de una nueva vida lejos del agresor. Pero, para que eso ocurra, es necesario no sólo que el refugio albergue a la mujer en la emergencia, sino que la ayude a salir adelante, a ser autónoma y no volver a la relación.

Decidirse a ir a un refugio es difícil, pero no tener a dónde ir es mucho peor, y es lo que pasa en varias provincias argentinas. La disponibilidad de lugares seguros, que ofrecen ayuda y contención a las mujeres víctima de violencia, varía mucho entre las jurisdicciones.

En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, hay dos refugios cuya ubicación se mantiene en reserva, para evitar que los agresores puedan encontrarlos, y las medidas de resguardo son muy altas: la mujer, por ejemplo, no puede salir del lugar sin escolta policial. En otros casos, son centros conocidos por la comunidad, donde las mujeres pueden ir y venir a ver profesionales y tomar talleres.

En la Provincia de Buenos Aires la situación varía mucho según el municipio. En aquellos que tienen refugios son recibidas sin problema. De los 135 municipios bonaerenses, 40 tienen refugios: dos son provinciales (uno en Ensenada y otro en Moreno -que actualmente se encuentra en remodelación-), dos dependen de la Iglesia católica y los 36 restantes dependen de los municipios.

Bajo la gestión de María Eugenia Vidal, el Gobierno bonaerense creó una Red Provincial de Hogares de Protección Integral. Este programa busca mejorar el sistema de la Provincia, principalmente articulando los distintos hogares y refugios que existen para permitir el ingreso de las mujeres bonaerenses al hogar del municipio al que pertenecen o, si no existiera, al de un distrito cercano.

En el resto del país la situación también es muy desigual según la provincia. En total existen en el país 89 refugios, según el último registro del Instituto Nacional de la Mujer (INAM). En cinco provincias ni siquiera hay casas o refugios para la protección de mujeres: Formosa, Misiones, Tierra del Fuego, Tucumán y Santiago del Estero -donde está prevista la inauguración de un hogar en los próximos meses-. Un informe de la ONU sobre la violencia contra la mujer, de abril de 2017, recomienda al Estado argentino “evaluar urgentemente la necesidad de abrir refugios y velar por que haya suficientes refugios seguros en cada provincia”.

La construcción de nuevos refugios es una de las prioridades declaradas del Gobierno, y el INAM lo puso como una parte central de su Plan Nacional de Acción. De hecho, de los $750 millones del presupuesto del Plan, $600 estaban destinados a la construcción de 36 Hogares de Protección integral (HPI), dispositivos que actúan de modo transitorio como “lugares de asistencia, protección y seguridad”, según lo define el Plan. Es decir, casi $17 millones por hogar. Hay cinco provincias que no tienen refugios para la protección de mujeres.

El tiempo que una mujer puede pasar en uno de estos centros varía mucho según el caso. A veces, con algunos días o semanas basta. En otros, en los que hay causas judiciales complejas o donde está en riesgo su vida, pueden ser meses. Los niveles de seguridad de los centros también varían mucho.

Estuve 25 días en el refugio porque cuando iba a la comisaría y presentaba el papel para que vayan a mi casa a ver si estaba él y lo saquen, él nunca estaba -cuenta María-. Yo hablaba con mis hijas y me decían que estaba ahí, pero cuando iba la policía ya no estaba. Hasta que un día mi hija se dio cuenta que había un chusma que le avisaba cuando la policía estaba yendo y entonces él cerraba todo y se iba de la casa. Por eso no lo encontrábamos”. Esas pueden hacer algunas de las complicaciones, en este caso para cumplir la orden judicial de sacar al agresor de la casa y que ella pudiese volver a su hogar.

Los refugios en general tienen equipos que apoyan a las mujeres con los procesos legales en contra de sus agresores y las ayudan a transitar los laberintos judiciales en los que pueden caer. También cuentan con psicólogos que las acompañan en el proceso emocional, la relación con sus hijos y a volver a retomar contacto con familiares y amigos que pueden haber abandonado durante la relación con el agresor.

Pero las ayudas económicas para rearmar sus vidas son más escasas. A nivel nacional existen algunos programas para asegurarle ingresos a las mujeres víctimas de violencia de género. El seguro de desempleo se otorga en casos de violencia, con un monto mensual y hay 7.500 mujeres que lo recibieron desde 2013 bajo esta modalidad. El programa “Hacemos Futuro”, conocido antes como “Ellas Hacen”, tiene prevista también la inclusión de mujeres víctimas de violencia y fueron casi 14.500 las que lo recibieron desde 2013 -aunque en estos últimos cuatro años ingresaron sólo 150 mujeres por año

Es difícil saber cuántas mujeres necesitan estos programas para evaluar si su cobertura es extendida. No hay datos a nivel nacional de cuántas mujeres pasaron por refugios, y de ellas cuántas necesitan los ingresos. El INDEC registró en 2017 86.700 casos de violencia contra mujeres de más de 14 años, pero los tipos de violencia pueden variar mucho y, por ende, las necesidades de esas mujeres también. Sólo en la Ciudad, 160 mujeres y 354 niños y adolescentes pasaron durante 2017 por un refugio.

Se trata, en todos los casos, de “ayudas puntuales con políticas de subvenciones o de subsidios, pero son todavía programas muy puntuales, de poco alcance, de poco monto y que si bien pueden ser una contribución no garantizan la autonomía económica de las mujeres”, explicó Natalia Gherardi, directora del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA). Y añadió que “también haría falta prever políticas vinculadas con la vivienda y con el cuidado, de hijos, hijas y otras personas a cargo”.

El peor resultado es que la mujer salga sin recursos y vuelva a la relación de la que escapó, algo sobre lo que advierte Ada Beatriz Rico, directora de la Casa del Encuentro: “Muchas veces las mujeres no tienen ninguna red, no tienen ningún lazo y terminan regresando con el agresor”.

En el mejor de los casos, las mujeres logran rearmar sus redes y pueden empezar una nueva vida. Fue la experiencia de María, a quien el paso por el refugio le cambió la vida: “Me sirvió un montón. Te libera de todo lo que pasaste. Ahora que puedo me anoto en todos los cursos, porque no hay nadie que me diga que no’”.

Si sos víctima de violencia de género o conocés a alguien que lo sea, podés comunicarte las 24 horas al 144 para pedir ayuda y asesoramiento.

El nombre de la mujer víctima de violencia citada en esta nota fue modificado por su seguridad.

Fuente: *Redacción de  y  en Investigación, Chequeado.com